La Virgen de la humildad

Antes que nada…

Jorge Luis Borges se refiere a los clásicos como obras que naciones o grupos enteros han decidido referirse, aceptando que en sus implicaciones todo es deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término; muy parecida a la forma en que Edipo consultaba a Apolo o Macbeth a las hermanas Fatídicas.

La pregunta más bien sería: ¿qué tienen de especiales aquellas particulares creaciones, que han logrado adentrarse, excavando ante cualquier barrera de tiempo, en lo más profundo de la memoria colectiva?

Si bien no existe una fórmula para garantizar la inmortalidad de una obra, es innegable que la sistematización de los saberes de la época, suponen un paso fundamental. Así, aquellos trabajos que lograron representar el modo de vivir, interactuar y sentir, son los que se han ganado el apelativo de imperecederos.

Obras como «La Virgen de la humanidad» o «El Quijote»  que surgieron en épocas de cambio y transición cultural, muy probablemente, deban su universalidad a la comprensión de este clima aparentemente pasajero. Y es que ese cambio de la Edad Media al Renacimiento, supuso grandes cambios que abarcaron no solo el panorama artístico, sino que casi todos los aspectos de la sociedad.

El término renacimiento significa volver a nacer o instaurar de nuevo, y la idea de semejante renacimiento comenzó a ganar terreno en Italia desde la época de Giotto.

—E.H. Gombrich, La historia del arte.

La Virgen de la humanidad.

Fra Angélico es un pintor florentino de la primera mitad del siglo XV. A pesar que no se le atribuyen muchas obras, de las que se tienen registro son clásicas del período Renacentista europeo.

La pintura «La Virgen de la humanidad» perteneció anteriormente a la colección del rey Leopoldo I de Bélgica y pasó más tarde a la colección particular del banquero J. P. Morgan, Jr. de Nueva York. Fue adquirida por el I barón Thyssen-Bornemisza en 1935, pero a su muerte en 1947, la colección familiar se disgregó por cuestiones de herencia y esta obra pasó a manos de una hija del barón, abandonando Villa Favorita, la mansión de los Thyssen enLugano. Por suerte, casi cuarenta años después regresó a la colección, al ser recomprada por el II barón Thyssen en 1986.

Sobre la pintura.

La Virgen de la humildad — Fra Angélico
La Virgen de la humanidad — Fra Angélico

En la pintura aparece la Virgen María sentada con Jesús que está de pie sobre su regazo. La Virgen viste un manto azul con bordes dorados y una túnica roja. Sobre su cabeza ostenta una aureola con la siguiente inscripción: «AVE MARÍA GRATIA PLENA». En la mano derecha sostiene una jarra con una rosa y una azucena, y con la izquierda sujeta al Niño con ternura y delicadeza.

Como se decía, esta pintura fue de una época de transición cultural, por ellos, se pueden observar características de la pintura Renacentista como de la pintura Medieval. Algo típico de la pintura medieval era valorar a las pinturas por los materiales que ocupaban. En el caso, existen dos materiales que dominan la pintura: el oro y el lapislázuli. El primero fue ocupado para el tapiz o alfombra que sirve de fondo a la pintura. Y el segundo, que es un mineral extraño proveniente de minas de Afganistán, es ocupado para la manta azul de la Virgen y algunos detalles de los ángeles.

Se puede observar que por el tipo de materiales ocupados, los colores, son mayormente intensos, brillantes y luminosos.

La cultura medieval tiene el sentido de la innovación, pero se las ingenia para esconderlo bajo el disfraz de la repetición —al contrario de la cultura moderna, que finge innovar incluso cuando repite—.

—Umberto Eco, Arte y Belleza en la estética medieval.

Algo particular de la pintura, es que para su época utilizó diferentes técnicas innovadoras. Un ejemplo claro es el fondo, donde se sustituyen las fondos planos y monótonos de un solo color, por figuras. En este caso se reemplazó un posible color dorado brillando por la figura de una alfombra con algunos detalles en negro. El resultado de este cambio es más profundidad para la pintura.

Otra técnica interesante es el efecto de tridimensionalidad que permite el escalón que está junto al suelo y el manto. Este pequeño juego de tonalidades permite entender que existe una recesión espacial de un primer plano a un plano más profundo, en otras palabras, que hay tres niveles de profundidad en la pintura: el primero donde están los ángeles con los instrumentos, el segundo con la Virgen y el Niño y el tercero con el tapiz sostenido por los ángeles.

El realismo en la pintura es otro elemento característico del Renacimiento. Solamente hay que contemplar el manto que ocupa la Virgen: se observan los pliegues al entrar en contacto con sus rodillas o al caer en el suelo. E incluso es posible distinguirse los dobleces en la alfombra por las zonas en que los ángeles lo sujetan.

Sin embargo, muy por encima de los detalles en las telas, lo más impresionante de la pintura, y por lo que se ha ganado la admiración durante mucho tiempo, es la belleza y la ternura que expresa el cuadro. Podemos sentir el amor, el afecto, la predilección del niño Jesús hacia su madre o la devoción con la que le entrega la flor. Los sentimientos surgen de las inocentes miradas de los dos y se desbordan junto a la belleza del entorno.

 

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